La ciudad subterránea construida por EEUU en Groenlandia

[Camp Century en construcción. Frank J. Leskovitz].

[Camp Century en construcción. Frank J. Leskovitz].

El coronel del ejército de los Estados Unidos, John H. Kerkering, fue el militar puesto al frente de un ambicioso proyecto que debía construir una ciudad subterránea bajo el hielo de Groenlandia.

Era 1959 y la Guerra Fría entre norteamericanos y soviéticos estaba en uno de sus puntos álgidos. Bajo el nombre en clave de “Proyecto Iceworm”, el Centro de Desarrollo e  Investigación Polar de los Estados unidos puso en marcha todo un entramado para construir una ciudad subterránea, llamada Camp Century, bajo las capas de hielo de la isla ubicada a 800 kilómetros al sur del Polo Norte, entre los océanos Atlántico y Glaciar Ártico. Era una disposición táctica y geográfica que lo hacía idóneo para cumplir sus objetivos de defensa nuclear de cara a sus enemigos.

El lugar elegido para realizar el proyecto fue una meseta a 6.180 pies (unos 1.883 metros) sobre el nivel del mar y con una temperatura media de unos -23 grados centígrados, aunque podía llegar a alcanzar los -56 grados.

[Camp Century; Frank J. Leskovitz].

[Camp Century; Frank J. Leskovitz].

Unas potentes tuneladoras fueron trasladas hasta el lugar, realizando todo un entramado de largos pasillos subterráneos que acabaron albergando una central nuclear, cuyo coste de traslado había superado los 5 millones de dólares.

Los 30 edificios interiores estaban realizados por placas de madera prefabricadas y en ellas se encontraban las viviendas, biblioteca, servicios médicos y religiosos, lugares de ocio y servicio (cantina, teatro, peluquería, lavandería), almacenes, laboratorios y todo lo imprescindible para llevar una vida lo más placenteramente posible en un lugar tan hostil, aparte de poder realizar con normalidad el trabajo encomendado a los militares que allí residían (85 en época de invierno y aproximadamente 200 en verano).

El suministro de agua que recibía Camp Century se realizaba a través de un bombeo de vapor de un pozo de hielo, por el que el elemento líquido que se utilizaba pertenecía a la nieve caída sobre Groenlandia dos mil años antes.

A través de una línea ferroviaria de más de tres kilómetros se conectaban los veintiún túneles interiores y una calle central de aproximadamente mil metros de larga.

Todo se preparó para simular un centro de investigación y experimentación científica, pero en realidad escondía todo un entramado de defensa militar que había decidido trasladar hasta allí aquel centro de operaciones debido a su perfecta ubicación a medio camino entre Nueva York y Moscú.

[Camp Century; Frank J. Leskovitz].

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Pero todo aquel monumental montaje que tuvo un coste de 8 millones de dólares, (60 millones si lo trasladamos a nuestros días) de poco sirvió, ya que, tras varios años de construcción, apenas tuvo una producción activa, abandonando el proyecto en el año 1966.

El mayor problema que se encontraron fue el movimiento de los glaciares, ya que éste  amenazaba con colapsar los túneles y tal y como se dio por finiquitado fueron derrumbándose.

Hasta 1997 no se dieron a conocer los detalles del Proyecto Iceworm tras desclasificarse los documentos por parte del Instituto danés de política exterior, que facilitó un informe a petición del parlamento de su país que dio debida cuenta de los planes norteamericanos en Groenlandia, pues hay que tener en cuenta que la isla pertenece a Dinamarca y ésta se había declarado, en 1957, territorio libre de armamento nuclear.

Fuente de consulta e imágenes: Scienceleadstheway / Bldgblog

 

¿Preparado para adentrarte en las profundidades del misterio?

La ciudad subterránea que Mao mandó construir bajo Pekín

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Durante la etapa de la Guerra Fría en la que estaban enfrentados los dos potentes bloques que dominaban el planeta, el máximo dirigente de la República Popular China ideó un mecanismo para que los más de 6 millones de habitantes que residían en Pekín pudieran salvar sus vidas en caso de un ataque nuclear. Para ello, a finales de los años 60, mandó construir todo un entramado subterráneo que albergase suficiente espacio para sus ciudadanos.

Era la ciudad subterránea de Pekín, un lugar que jamás se tuvo que utilizar y que permaneció cerrado al público durante varias décadas, debido al mutismo por parte del gobierno chino y su subterraneo_pekin_08secretismo respecto al tema. Varios centenares de miles de ciudadanos chinos fueron utilizados como mano de obra para llevar a cabo un proyecto de diez años (1969-79) en el que se construyeron 85 kilómetros cuadrados de ciudad subterránea bajo la capital China. Entre ellos, escuelas, teatros, cines, restaurantes, oficinas, hospitales, fábricas e incluso alguna pista de patinaje… Todo un mundo escondido bajo la tierra para poder llevar una vida alejados de la amenaza de la Guerra Fría.

Sin embargo, el hipotético ataque nuclear nunca se produjo y la metrópolis quedó en el olvido. Se tapiaron todos los accesos y nada se supo de este lugar hasta bien entrado el siglo XXI.

Parte de ese espacio fue utilizado como almacén por el Gobierno. Aquellos que habían conseguido acceder, utilizaban alguno de sus espacios como lugar de reunión, como algún que otro colectivo de jóvenes urbanos, niños que bajaban a jugar por los largos pasadizos, e incluso ciudadanos que habilitaron algunas partes para montar un negocio y utilizarlo como tienda o albergue a bajo precio.

En la actualidad no se puede bajar, pero teniendo buenos contactos y sabiendo dónde y a quién preguntar, es posible conseguir un acceso desde alguna de las numerosas puertas que se encuentran dentro de diferentes locales y/o negocios repartidos por toda la ciudad de Pekín. Hay toda una red de guías turísticos clandestinos que por unos pocos yuans te llevan de excursión por una parte de esta ciudad ‘enterrada’.

Uno de esos accesos rápidos utilizado por bastantes turistas y curiosos que desean visitar la ciudad subterránea está en la siguiente dirección: 62 Damochang West Street, Qianmen.

 

La sorprendente ciudad subterránea de Derinkuyu

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La región de la Capadocia (Turquía) es famosa no solo por su importante pasado histórico, sino también por su característico paisaje geológico (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) , en el que nos podemos encontrar infinidad de viviendas que fueron construidas en el interior de sus montañas y más de 200 ciudades subterráneas, aunque tan solo hay una treintena de ellas accesibles.

Entre todas ellas destaca la que se encuentra bajo la ciudad de Derinkuyu, en la Anatolia central, una sorprendente y perfecta red de túneles y estancias con una capacidad para albergar a más de 10.000 personas (algunas fuentes apuntan que hasta 20.000) y cuya construcción tiene una antigüedad aproximada de 3.500 años.

Todo parece indicar que fue construida por el pueblo hitita, quienes por esa época estuvieron asentados en la zona, y como medio de defensa ante cualquier imprevisto ataque enemigo.

 CapadociaLa ciudad subterránea de Derinkuyu tiene una veintena de niveles de profundidad, y aunque no se ha alcanzado el tope y solo se ha llegado hasta los 40 metros subterráneos (8 niveles), se calcula que la parte no accesible puede alcanzar los 85 metros.

El descubrimiento casual de este lugar ocurrió en 1963, cuando el propietario de una casa-cueva (muy típica en la zona) tiró una pared y se encontró que su vivienda comunicaba con otra estancia, de la que salía un túnel.

Tras ser inspeccionado por expertos, se comprobó que se trataba de una milenaria construcción, la cual estaba perfectamente diseñada para vivir largas temporadas sin tener que salir al exterior para nada, gracias a sus espacios adecuados para hacer la función de almacén de alimentos, el lugar donde tener los animales y, además, tenerlo todo perfectamente ventilado, gracias a los precisos conductos de ventilación que habían construido.

También disponía de agua potable gracias a un rio subterráneo y a numerosos pozos que se realizaron. En caso de ser atacados el lugar quedaba herméticamente cerrado por unas puertas circulares de piedra cuyo peso aproximado era de media tonelada.

Resulta curioso observar que este pueblo, contando con los elementos más rudimentarios para construir ese lugar, no se olvidase de los espacios dedicados al ocio (como bares) o salas de culto en las que podían encomendarse a sus divinidades (la hitita era conocida como “la religión de los mil dioses”).

Cabe destacar que la estructura de la ciudad subterránea de Derinkuyu estaba estratégicamente diseñada para poder esconderse y huir en caso de que penetrase algún intruso, ya que disponía de escondrijos y recovecos imposibles de encontrar si no se conocía bien el lugar.

El único punto débil a toda esta ciudad eran sus pozos, a través de los cuales cualquier enemigo podría haber introducido veneno que iría a parar a las aguas subterráneas que después debían consumir sus habitantes. Algo que no han terminado de descartar los investigadores y expertos de que así ocurriera y fuese uno de los modos con los que los Pueblos del Mar atacasen y acabasen con los hititas.

Desde 1969 ocho niveles de esta sorprendente ciudad subterránea de Derinkuyu están abiertos a los visitantes, habiéndose convertido en uno de los puntos turísticos de mayor afluencia de la región de la Capadocia.

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